Las apps de domicilio le resolvieron a los restaurantes colombianos un problema real: entregar sin tener flota, sin contratar a nadie y sin salir a buscar clientes. A cambio se quedan con una parte de cada pedido que, en la mayoría de contratos, es más grande que el margen del plato que estabas vendiendo.

Por eso cada vez más restaurantes montan su propio canal de domicilios en paralelo. Ojo con el matiz: no se trata de apagar la app de un día para otro, sino de dejar de pagar comisión por los clientes que ya son tuyos. Esta guía es la cuenta completa — qué te cuesta hoy un pedido por app, qué te cuesta uno propio, dónde se cruzan las dos líneas y cómo montar el canal propio sin quedarte sin domiciliario un viernes a las ocho.

Primero lo justo: qué sí te da la app

Si la comparación empieza diciendo que las apps son un abuso, no sirve para decidir nada. Las apps hacen bien tres cosas que un canal propio no iguala el primer día: te ponen enfrente de gente que no te conoce, te dan una flota que se estira sola en el pico del domingo y te quitan de encima el cobro y la coordinación.

Visto así, la comisión de un pedido de un cliente nuevo es publicidad que se paga por resultado. El problema no es ese pedido: es el quinto pedido del mismo cliente, el que ya sabe cómo te llamas y qué va a pedir, y por el que sigues pagando la misma tajada que el día que te descubrió.

La comisión no se compara con el precio: se compara con tu margen

Aquí es donde casi todo el mundo hace mal la cuenta. Un 25% suena manejable cuando lo comparas con el precio de venta. Deja de sonar manejable cuando lo comparas con lo que te quedaba de ese plato.

Tomemos un pedido de $45.000 en un restaurante con un costo de insumos del 35%. La comida te costó $15.750, así que del pedido te quedaban $29.250 brutos para pagar arriendo, nómina, servicios y quedarte con algo. Una comisión del 25% son $11.250: el 38% de ese margen bruto se va antes de que pagues el primer sueldo.

Antes de seguir, saca tu porcentaje real del último corte, no el que recuerdas. Las comisiones que reportan los restaurantes en Colombia se mueven en un rango amplio según el contrato, la ciudad y si la app pone el domiciliario — y encima suelen sumarse promociones que financia el restaurante. Revisa también cada cuántos días te consignan: esa plata detenida es capital de trabajo tuyo.

Qué cuesta de verdad un domicilio propio

La respuesta honesta es que nunca cuesta cero. Cuesta menos que la comisión en la mayoría de los casos, pero es un costo que tienes que administrar tú. Hay tres formas de resolverlo y cada una encaja en un momento distinto del negocio:

ModeloCómo se pagaCuándo conviene
Pago por entregaUna tarifa fija por domicilio entregadoAl arrancar, o con demanda irregular: si no hay pedidos, no hay costo
Domiciliario por turnoPor turno o por horas, con moto propia o del restauranteCuando ya sostienes 12 o más entregas por turno de manera estable
Mensajería local tercerizadaTarifa por zona, la empresa pone la flotaCuando el volumen sube de golpe y todavía no quieres contratar

A eso súmale lo que no aparece en el acuerdo: gasolina y mantenimiento si la moto es del restaurante, el SOAT, el riesgo de un accidente y — el más subestimado — el tiempo del encargado coordinando entregas en hora pico. Si esa coordinación se hace por WhatsApp y a los gritos, el canal propio se cae solo.

El punto de equilibrio, con números

Con los dos costos sobre la mesa ya se puede comparar. Usa tus propias cifras; estas son solo un ejemplo con supuestos conservadores: pedido de $45.000, comisión del 25%, domicilio propio pagado a $5.000 por entrega y tarifa de domicilio de $4.000 cobrada al cliente.

Pedido de $45.000Por la appPor tu canal propio
Lo que paga el cliente por la comida$45.000$45.000
DomicilioLo cobra y lo define la app$4.000 que cobras tú
Comisión−$11.250$0
Pago al domiciliarioVa dentro de la comisión−$5.000
Te queda del pedido$33.750$44.000
Diferencia por pedido+$10.250

A 150 domicilios al mes, esa diferencia son $1.537.500. A 300, son $3.075.000. Ese es el número que hay que poner al lado del costo de montar el canal: el sistema, el tiempo de coordinación y el riesgo de quedarte sin quien entregue.

Esta tabla tiene una trampa que hay que decir en voz alta: supone que el pedido habría llegado igual por los dos canales. Solo es válida para los clientes que ya te conocen. Por un cliente nuevo que te encontró buscando comida en la app, la comparación correcta no es contra tu canal propio: es contra no haber vendido nada.

La estrategia que funciona: dos canales, no uno

El movimiento que da resultado no es cerrar la app. Es dejarla trabajando como vitrina para quien no te conoce, y mover al cliente repetido a tu propio canal, donde el pedido entra completo y el dato del cliente es tuyo. En la práctica se hace así:

  1. Mide antes de mover nada: revisa el último mes y cuenta cuántos pedidos de la app vienen de la misma dirección o el mismo nombre. Ese porcentaje es tu oportunidad real, no la totalidad de tus domicilios.
  2. Mete tu link en cada bolsa que sale. Un adhesivo o una tarjeta con el QR de tu carta y una razón concreta para usarlo la próxima vez.
  3. Revisa tu contrato antes de tocar precios: varios acuerdos exigen paridad y prohiben publicar más barato por fuera. Si no puedes bajar el precio, compite con lo que sí controlas: domicilio gratis desde cierto monto, una porción extra o atención directa.
  4. No dejes caer el canal propio ni una noche. Si a las 8 p.m. no hay quien entregue y el cliente termina pidiendo por la app, ese cliente no vuelve a intentarlo por tu link.
  5. A las cuatro semanas compara: pedidos propios, ticket promedio de cada canal y cuánto pagaste de comisión ese mes. Con ese dato decides si sostienes, creces o te devuelves.

Lo que tu canal propio tiene que resolver sí o sí

Las apps entrenaron a tu cliente en cuatro cosas, y ahí está la vara. Si tu canal propio falla en una sola, el cliente se devuelve y la comisión vuelve. Lo mínimo:

  • Pedir sin llamar: una carta con link propio donde el cliente arma el pedido y lo envía solo, a la hora que sea.
  • Saber el precio final antes de confirmar: productos, domicilio de su zona y total, sin sorpresas al llegar.
  • Saber dónde va su pedido: un seguimiento que se actualice solo, para que nadie tenga que contestar cinco veces la misma pregunta.
  • Pagar como quiera: efectivo, Nequi, Daviplata o Bre-b, con el cobro registrado por quien entregó.
  • Que tú sepas qué pasó: quién entregó, cuánto cobró y en qué método, para que el cierre de caja cuadre sin discusiones.

En Comanda esas cinco cosas vienen resueltas desde el plan Pro ($99.000/mes): carta digital con pedidos a domicilio sin llamada, zonas con tarifa y pedido mínimo, asignación del domiciliario con un clic, link de seguimiento para el cliente, pagos digitales desde ese mismo seguimiento y registro del cobro al entregar. El domiciliario no instala ninguna app: abre el link que le llega al celular.

Cómo montarlo en una semana

  1. Carga tu menú completo con precios y publica tu carta digital. Es la única tarea larga: calcúlale una o dos horas en un día de baja rotación.
  2. Define tus zonas de entrega con tarifa, tiempo estimado y pedido mínimo. Sé estricto con el radio: una entrega lejos y barata se come el margen de tres cercanas.
  3. Resuelve quién entrega. Arranca pagando por entrega antes de comprometerte con un turno fijo; cuando el volumen se estabilice, haz la cuenta otra vez.
  4. Haz tú mismo un pedido de prueba desde el link, asígnalo, sigue el tracking y cierra el cobro. Lo que no probaste, no funciona.
  5. Sal con el link a la calle: en la bolsa, en el estado de WhatsApp, en el recibo, en la cuenta de la mesa y en tu perfil de redes.
  6. Al mes, compara los dos canales con el reporte en la mano y decide con el número, no con la sensación.

Tres errores que hunden el canal propio

Cobrar el domicilio a ojo

Cobrar lo mismo a diez cuadras que a treinta suena generoso hasta que las entregas lejanas son la mitad del día. Con zonas y tarifas definidas, la cuenta se sostiene sola y nadie tiene que improvisar al teléfono.

Un radio sin límite

Aceptar cualquier dirección para no perder un pedido es la manera más rápida de tener comida fría, un domiciliario perdido y una reseña mala. Es mejor decir que no a esa dirección que entregar tarde.

No registrar quién cobró y en qué método

Es la fuga clásica del canal propio: el domiciliario cobra en efectivo o por Nequi, nadie lo anota en el momento y al cierre falta plata que nadie puede explicar. Si el cobro no queda registrado en el pedido, el ahorro en comisiones se te va en faltantes.

Cuándo NO te conviene montar domicilios propios

Si tu ticket promedio es bajo y el volumen es irregular, la cuenta cambia de lado. En un pedido de $20.000, una comisión del 25% son $5.000: exactamente lo que te costaría pagar esa entrega por tu cuenta. Ahí la app no te está costando plata — te está costando el dato del cliente, que no es poco, pero es otra discusión.

La señal de que llegó el momento es concreta: cuando tu ticket promedio de domicilio pasa de unos $35.000 y ya tienes clientes que piden dos o tres veces al mes. Con esos dos números en verde, el canal propio se paga en el primer mes.

Dónde encaja Comanda

Comanda te cobra una mensualidad fija y no se queda con un porcentaje de lo que vendes: si tu canal propio crece, el costo del sistema no crece con él. El módulo de domicilios con seguimiento en tiempo real, las zonas con tarifa y los pagos digitales están desde el plan Pro; la prueba de 30 días abre con acceso Premium y sin tarjeta, tiempo suficiente para correr un mes completo en paralelo con la app y comparar los dos cierres antes de pagar nada.

Dos lecturas que complementan esta: nuestra guía de sistema de domicilios para restaurantes, si lo que quieres es el detalle de cómo se opera el día a día, y la de menú digital con QR, que es la puerta de entrada de tu canal propio.

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